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EL AUGE DE LA PSEUDOCIENCIA

La otra cara de la moneda

EL AUGE DE LA PSEUDOCIENCIA

Alejandro Borgo

¿Qué es la ciencia y el método científico? ¿Qué se hace para fomentar el juicio crítico ante cualquier acontecimiento y sobre cualquier tema? ¿Por qué la fascinación que ejercen sobre la gente  la  parapsicología, la astrología, el control mental, la piramidología, la ovnilogía, etcétera?
¿Contribuiría al bienestar general el desarrollo de una mentalidad crítica y racional? Esta es una aproximación para iniciar un necesario debate alrededor de esos interrogantes.

"Hemos avanzado bastante", dirá el ciudadano medio de finales del siglo XX al dar un vistazo a la tomografía computada, las aplicaciones del láser, el desarrollo de la biología molecular, la astrofísica, los microchips, los transplantes de órganos, y la constante profundización de nuestro entendimiento acerca de lo que nos rodea y de nosotros mismos.
Sin embargo, esta mirada por encima resulta engañosa si uno se detiene ahí, en la contemplación de los fuegos de artificio de la tecnología, los instrumentales, aparatos y disciplinas que ciertamente son de valor y que conllevan una gran dosis de deslumbramiento. Pero... no todo lo que reluce es oro.

Así como este ciudadano medio piensa que hemos avanzado bastante, podríamos mencionar algunos hechos que le harían decir con total soltura: "Hemos retrocedido bastante". Sólo que estos hechos son menos evidentes, de una naturaleza más sutil; más bien, son procesos de los que lleva tiempo darse cuenta. Me refiero a un retroceso, que se advierte en forma de oleadas, y que tiene que ver directamente con la mentalidad mágica: el surgimiento, afianzamiento y desarrollo de las distintas pseudociencias o falsas ciencias, movimientos pseudohumanistas, sectas esotéricas y pseudorreligiosas, las cuales, junto a las religiones ortodoxas, han retrasado notablemente nuestro conocimiento sobre el universo, a la par que han causado grandes perjuicios al ejercicio de la libertad de pensamiento, con lamentables consecuencias para la humanidad.

Grandes pensadores han sufrido persecuciones, cárcel, exilio, etc., sólo por dar a conocer sus opiniones y descubrimientos, o al intentar proporcionar una visión racional y exenta de prejuicios sobre los asuntos que les concernían. Recordemos unos pocos nombres: Galileo Galilei, Bertrand Russell, Charles Darwin, Albert Einstein. Algún desprevenido podrá decir: "Ah... pero eso pasaba antes, ahora es distinto". Es una respuesta que suena bien pero no tiene nada que ver con la realidad. En nuestros días resulta mucho peor por la sencilla razón de que justo ahora es cuando disponemos del mayor andamiaje científico y de los mayores conocimientos como para haber erradicado definitivamente la superstición, la mentalidad mágica, los dogmas y otras abominaciones. Lo ridículo no es un hombre de la Edad Media creyendo en la posesión diabólica o en la magia negra sino un astronauta que crea en ellas. Hoy el contraste es mucho mayor que antes, cuando el campo de lo desconocido era más amplio y daba lugar a una gran cantidad de hechos "misteriosos", "temibles", y frecuentemente atribuidos a "poderes ocultos", "demoníacos", etc. El método científico constituye una herramienta muy eficaz para la descripción y explicación de los procesos, mecanismos y fenómenos que se producen en la naturaleza. Esto quiere decir que hoy conocemos un poco más que ayer, y este conocimiento, a su vez, nos sirve para transformar e intervenir en los acontecimientos naturales y también para perfeccionar lo artificial, aquello creado por nosotros mismos.

Pero la eficacia del método científico nos ha traído problemas. No es fácil enfrentarse a una verdad que no concuerda con lo que creemos. Los resultados de un experimento pueden derribar y deshacer creencias a las cuales nos aferramos durante años. ¿Qué hacer cuando las pruebas objetivas van en contra de nuestros deseos? Aceptarlas o negarlas. Aceptarlas o engendrar argumentos oscuros (buscar la quinta pata al gato, como decimos usualmente). Aceptarlas o deshacernos de quienes las han producido y/o aceptado. Esta última opción ha sido la más extrema, por supuesto.

Parece que gran parte de la humanidad hace oídos sordos a las pruebas objetivas y se aferra a sus creencias. ¿Por qué? ¿Por miedo? ¿Por comodidad? ¿Por ignorancia? Lo cierto es que el conocimiento desprejuiciado ha sido permanentemente obstaculizado. Por cada nuevo descubrimiento surge un nuevo panorama, pero también pueden caer varias creencias. Y nace la oposición. Pero no todo está en lo que uno cree; también está lo que uno recibe. Así es que el conocimiento ha sido utilizado para difundir, perfeccionar e incrementar la estupidez, el desinterés por la crítica, el oscurantismo, el apasionamiento por doctrinas irrefutables y quimeras irracionales, la chatura mental y una creciente aversión hacia lo científico. Esta difusión se lleva a cabo principalmente a través de la televisión, la radio y los medios gráficos, pero no debemos olvidar la expansión de un invento que marcó al siglo XX: la computadora. La computadora, al igual que otros aparatos o máquinas, es sólo una herramienta. Tiene ventajas: velocidad, precisión, memoria de acceso rápido, etc. Pero es evidente que las mismas ventajas se pueden utilizar de la siguiente manera:

-- Obtenga su biorritmo por computación.

-- Conozca en 25,2 segundos su carta astral completa, con influencias de los ascendentes y precisión absoluta.

-- Obtenga un catálogo de autores sobre ciencias ocultas en lujoso formato, por tema, editorial, lugar de venta, año de publicación, cantidad de páginas y precio.

-- Comuníquese con los espíritus adquiriendo el programa "Ouija-Comp".

¡Se puede llegar a la estupidez más rápido que hace 20 ó 30 años! ¡La pavada está más al alcance!

Esto debería constituir un llamado de atención a... ¿quién? Respondamos a esta pregunta haciendo un análisis del contexto en el que nos encontramos y de aquello que debería considerarse urgentemente. A saber:

1) ¿Qué es la ciencia y qué es el método científico?

2) ¿Qué se hace para fomentar el juicio crítico y el examen racional de cualquier acontecimiento y sobre cualquier tema?
3) ¿Por qué las personas se sienten tan atraídas y fascinadas por las pseudociencias (parapsicología, astrología, control mental, piramidología, ovnilogía, etc.)?

4) ¿Contribuiría al bienestar general el desarrollo de una mentalidad crítica y racional?

La ciencia, el método científico y los científicos

La mayoría de la gente tiene dos posturas simultáneas con respecto a la ciencia. Por un lado, un respeto acartonado y un deslumbramiento por la tecnología y la técnica. Por otro lado, una sensación de aversión hacia los representantes altaneros y soberbios de la ciencia (en su "torre de marfil") y hacia la "frialdad científica", donde no hay lugar --aparentemente-- para el sentimiento y la pasión. Luego están los fanáticos religiosos y pseudo-humanistas que aborrecen la intromisión de la ciencia en la manipulación de la naturaleza y de los hombres. Este es un rechazo total, absoluto. Es la posición anticientífica, extrema, pero no por eso la peor.

Tenemos también a los científicos mismos, que en la mayoría de los casos no son sino profesionales recibidos en alguna universidad, lo cual no quiere decir que sean científicos; y otros que se abstraen en sus especialidades --éstos son los de la torre de marfil--, que son inaccesibles para la mayoría de las personas y no parecen tener mucho interés en la difusión del pensamiento científico. Cada vez que aparecen en un medio de prensa utilizan un lenguaje que recuerda a los jeroglíficos, solemne, pesado, capaz de dormir sin problemas a un histérico que ha tomado un frasco entero de anfetaminas junto con 40 pocillos de café (cargado).

Y por fin, existe una minoría que conociendo la actividad y el pensamiento científicos, lleva a cabo una tarea de esclarecimiento y divulgación que cada vez se hace más necesaria. Si alguien desea experimentar la soledad, en la acepción más pura y cristalina del término, le sugiero que ingrese al gremio de los divulgadores científicos de la vida cotidiana. Se verá en un frágil bote de papel ante el inmenso océano del prejuicio y las creencias dogmáticas.

Bueno, pero... ¿qué hace la ciencia?, ¿qué es? Sin entrar en discusiones metafísicas ni epistemológicas, diremos que la ciencia es un sistema ordenado, coherente, que tiende --mediante el descubrimiento de leyes-- a proporcionar una visión racional, objetiva, y veraz de lo que ocurre en el universo. También la ciencia es una manera de pensar, una mentalidad, una actitud. De aquí que se hable de mentalidad científica. La herramienta que se utiliza en ciencia es el llamado método científico, que, básicamente, consiste en lo siguiente:

-- Se observa un hecho "X".

-- Se formula un intento de explicación del hecho "X", o simplemente una afirmación relacionada con él.

-- Esta formulación se denomina usualmente hipótesis

-- Se somete a prueba la hipótesis acerca de "X" por medio de un experimento.

-- Esta hipótesis es corroborada o refutada, es decir, los resultados del experimento están de acuerdo con la hipótesis o no lo están.

Hay muchos detalles que pasamos por alto, pero lo esencial de esta argumentación es que no es necesario poseer un arsenal de aparatos ni ser un intelectual, ni trabajar en un laboratorio experimental para pensar científicamente. Se puede hacer ciencia sin el ropaje tecnológico y en un ámbito cotidiano, mucho más cercano a nuestra experiencia diaria. Se puede porque es posible pensar, razonar, sacar conclusiones lógicas, coherentes, y obtener información del mundo que nos rodea, de una manera sistemática, ordenada, crítica, confiable y también falible (no hay verdades eternas). La ciencia apunta al conocimiento, o a la obtención del mismo, no a su aplicación, que corresponde a la tecnología. El científico dice lo que sabe (o cree saber) y el tecnólogo toma esto para construir aparatos, instrumentos, diseñar proyectos sociales, etc. Por lo tanto, cuidado con la confusión entre ciencia y tecnología. No nos dejemos impresionar por la parafernalia instrumental ni por la palabrería pseudo-técnica.

Fomentar el juicio crítico
(¿¿¿Quééé???)

Es poco lo que se hace para que uno aprenda a pensar. Desde el plano educacional, diría que suele ocurrir lo contrario, o como mínimo, nada. Pero no le echemos la culpa a la educación formal, ya que, después de todo, los encargados de impartir la educación (en todos los niveles) ya han pasado por el filtro social devastador de neuronas.

Refiriéndonos a la política, estamos condenados al fracaso desde el vamos. Dos preguntas: 1) ¿Qué pasaría con la "carrera" del 99% de los políticos si la ciudadanía reflexionara críticamente y pensara en forma científica? 2) Después de observar los planes económicos llevados a cabo por decenas de gobiernos, ¿a alguien le cabe duda acerca de su pseudocientificidad?

No olvidemos dos campos importantes: la difusión y comunicación a través de los medios masivos y el comercio.

La pseudociencia es fácil, no cuesta mucho aprenderla, sólo hay que repetir, inventar delirios propios o recrear ajenos, es atractiva, nos promete un universo lleno de misterios y fórmulas mágicas, nos aleja de la realidad, es barata y cualquiera puede llegar a ella. No se requieren títulos para ejercer y, en algunos casos, es divertida. Quien no vea un gran negocio en esto, definitivamente vive en Plutón.

Sólo hay que difundirlo, disfrazarse de autoridad, poner ciertas caras en ciertos momentos, aprender algunos términos rimbombantes y dejar todo en manos de un comerciante, que en la mayoría de los casos suele ser la misma persona que se presenta como autoridad. El negocio es fabuloso. Nadie está a salvo de él, aunque pueda parecer beneficioso o inofensivo. Varios científicos, periodistas y políticos han caído en la trampa y han favorecido (tal vez sin quererlo) a la pseudociencia, a la falsa ciencia.

Tirar las cartas, practicar la lectura de las líneas de las manos, solucionar problemas sentimentales, económicos, por medio de "poderes" mentales o divinos, adivinar el futuro, son todas actividades pseudocientíficas. Y es así porque son presentadas como científicas. Ningún astrólogo dirá "me dedico a la pseudociencia" (a menos que sea honesto). Por tanto, estas personas que se dedican a las actividades recién mencionadas engañan a la gente.

Debemos derribar uno a uno estos mitos. Y si no son los científicos ¿quiénes lo van a hacer? Hay que despertar de una vez por todas, salir del letargo, ese letargo que hemos adquirido y que se refleja en el pensamiento "que lo haga otro", "ya va a haber alguien que se ocupe".

La fascinación de la pseudociencia

En la palabra pseudociencia está la clave. Pseudociencia significa falsa ciencia. Algo que no es ciencia pero se hace pasar por tal. Y en esta falsedad reside gran parte de la atracción de la pseudociencia. Veamos:

A todos --en mayor o menor medida-- nos preocupa el futuro, sea mediato o inmediato.

Todos hemos oído hablar de fenómenos inexplicables y maravillosos, que, de existir, harían más interesante nuestra vida.

En distinto grado, tememos a la muerte y aún más a la inexistencia de una vida más allá de este destino inevitable. La sola idea de no existir nunca más nos espanta, nos aterroriza.

Tampoco se nos escapa que frente a la monotonía de la vida diaria, ya sea en las grandes ciudades o en las zonas rurales, la aparición de fenómenos extraños, anormales y curiosos, atribuidos a menudo a entidades sobrenaturales o extraterrestres, introduce una pizca de emoción y de interés, a la vez que nos crea la ilusión de que hay algo más, intangible pero irresistiblemente atractivo, que alivia la pesada rutina del quehacer cotidiano.

La mayoría de nosotros vive, trabaja, estudia y se desarrolla desde chico en una sociedad con concepciones religiosas, y ha oído hablar, o ha vivido en carne propia fenómenos que están identificados como milagrosos, sobrenaturales, de origen divino, etc. Todas estas vivencias, emociones, concepciones y necesidades han sido hábilmente usufructuadas por embaucadores, charlatanes y fabricantes de fantasías para crear jugosos negocios y perpetuarse en su actividad con el dudoso prestigio de constituirse en "elegidos", "iniciados". Son los sustitutos de los antiguos sacerdotes, quienes concentraban toda la sabiduría oculta de la época.

Pero como los tiempos cambian, y las religiones ortodoxas perdieron adhesión, principalmente debido a los avances científicos y al esfuerzo de los librepensadores, la mentalidad mágica primitiva ha ido pasando por diversas transformaciones y sus cultores y propagadores han debido disfrazar las disciplinas mágicas, actualizándolas. ¿Con qué? Con el disfraz científico.

Es así que la palabra científico resuena cada vez con mayor frecuencia en el discurso de los charlatanes. Hablan de "energía", "armonización", "banco de fuerza mental", matemáticas, supuestas mediciones estadísticas, presentan aparatos electrónicos, digitales, computadoras, logrando el objetivo: confundir al desprevenido.


Los científicos, que son profesionales serios, hablan con tecnicismos.
Este fulano utiliza tecnicismos.
Por lo tanto: este fulano es científico y serio.

Y la gente, que tiene necesidades, angustias, ansiedad y también temor, recurre a estas personas que pretenden ofrecer un rápido alivio, sin mayores esfuerzos, y a un precio relativamente barato. La fascinación se ve ampliamente incrementada si uno de estos "tratamientos" parece dar resultado. La fe se fortalece y el creyente sale con una firme convicción. No se preguntará qué papel jugó el azar en todo esto. No se preguntará si es el "tratamiento" el que realmente produjo la mejoría. El fascinado está ciego a la razón. Y comienza a considerar como perturbador  (en el mejor de los casos) o como enemigo (en el peor) a todo aquel que intente mostrarle una visión crítica y racional.

La contribución de una visión racional al bienestar general

Hay que descubrir el engaño, y para eso hace falta valor. Justamente, el fascinado que ha sido engañado con una patraña disfrazada de ciencia, debe saber que la ciencia es desprejuicio y crítica. La ciencia nos ha proporcionado conocimientos de inmenso valor para estudiar la realidad. Hay que afrontar la realidad si queremos una sociedad sana y libre. El cerrar los ojos tercamente nos aleja de la realidad, y este alejamiento puede llevarnos a un punto de no retorno.

Podemos satisfacer nuestra curiosidad y nuestras ganas de conocer apelando a la razón, a la lógica, a la objetividad, al examen exhaustivo. Esto no nos quitará la emoción ni la pasión ni el placer ni las ganas de vivir. Y tendrá un beneficio extra: fascinarnos descubriendo algo que ha partido de nosotros, que nos ha llegado como resultado de ejercer nuestra independencia de criterio. Esto no nos será impuesto desde ningún lado, por nadie, porque ya contaremos con un arma propia que no podrá sernos arrebatada.
Así que... científicos: a bajar de la torre. Hay una tarea tanto o más importante que la de investigar, y ésta es la de divulgar lo que la investigación científica significa. Creo que si admitimos esta urgente necesidad se habrá dado el paso inicial en la conformación de una sociedad más sana y libre. Ya se habrá "avanzado bastante". Esta vez, sin ambigüedades.
 
ABSTRACT
FRINGE SCIENCE POPULARITY: The Other Side Of the Story

What is science and the scientific method? What can be done to foster critical thinking, in the face of any event? Why are parapsychology, astrology, mental control, pyramidology, ufology, etc. so fascinating? Would not the development of a critical and rational mentality be beneficial to everyone? This is a first approach to begin a much needed debate on these issues. Ed.-

Nº 1 Pags 2-3