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EL ESCEPTICISMO EN LA VIDA COTIDIANA

 

EL ESCEPTICISMO EN LA VIDA COTIDIANA

CARL SAGAN




Carl Sagan es Profesor titular de la cátedra David Duncan de Astronomía y Ciencia Espacial y Director del Laboratorio de Estudios Planetarios en la Universidad de Cornell. Autor de numerosos best-seller y ganador del Premio Pulitzer, es uno de los principales divulgadores científicos de nuestro tiempo. Es miembro de CSICOP (Commitee for the Scientific Investigation of Claims of the Paranormal) y recibió el premio de CSICOP En elogio de la razón en 1987. Este artículo es un extracto de su conferencia magistral en la conferencia anual de CSICOP en Pasadena, California, ese mismo año.


Qué es el escepticismo? No es nada demasiado esotérico. Lo encontramos todos los días. Cuando compramos un auto usado, si somos mínimamente sabios, aplicaremos algunos poderes escépticos residuales, aquellos que nos haya dejado nuestra educación. Uno podría decir: "He aquí un tipo con apariencia honrada. Sencillamente, tomaré lo que me ofrezca". O puede decir: "Bien, he sabido que ocasionalmente hay pequeños engaños involucrados en la venta de un auto usado, quizás inconscientes de parte del vendedor", y entonces uno hace algo. Patea las llantas, abre las puertas, levanta el capó. (Uno realiza las acciones aún cuando no sepa qué se supone que deba haber bajo el capó, o puede traer a un amigo con inclinaciones mecánicas). Uno sabe que se requiere cierto escepticismo, y entiende por qué. Es irritante que uno pueda tener que estar en desacuerdo con el vendedor de autos usados, o le haga preguntas que él no desea responder. Hay al menos un pequeño nivel de confrontación interpersonal involucrado en la compra de un auto usado y nadie alega que sea particularmente agradable. Pero hay una buena razón para ello, porque si uno no ejerce un mínimo escepticismo, si tiene una credulidad absolutamente sin trabas, probablemente hay algún precio que uno tendrá que pagar más tarde. Entonces deseará haber realizado una pequeña inversión de escepticismo antes.


El escepticismo selectivo


Ahora bien, esto no es algo para cuya comprensión uno tenga que cursar cuatro años de estudios profesionales. Todo el mundo lo entiende. El problema es que un auto usado es una cosa, pero los comerciales de televisión o los pronunciamientos de presidentes y líderes partidarios son otra. Somos escépticos en algunas áreas, pero desafortunadamente no lo somos en otras.

Por ejemplo, hay una clase de comerciales de aspirina que revela que el producto competidor tiene tan solo tal cantidad del ingrediente analgésico que los médicos más recomiendan (no nos dicen cuál es ese misterioso ingrediente), en tanto que su producto tiene una cantidad dramáticamente mayor (de 1,2 a 2 veces más por tableta). Por lo tanto, debemos comprar su producto. Pero, ¿por qué no tomar dos de las tabletas de la competencia? No se supone que uno haga esas preguntas. No apliquen el escepticismo a este tema. No piensen. Compren.

Tales afirmaciones en los anuncios comerciales constituyen pequeños engaños. Nos separan de un poco de dinero o nos inducen a comprar productos ligeramente inferiores. No es tan terrible. Pero consideremos esto:

Tengo aquí el programa de este año de la Exposición de la Vida Total, en San Francisco. Veinte mil personas asistieron a las actividades del año pasado. He aquí algunas de las presentaciones. "Tratamiento alternativo para pacientes con SIDA; reconstruirá sus defensas naturales y evitará las fallas en el sistema inmune, aprenda sobre los más recientes desarrollos que los mismos medios han ignorado hasta ahora". Me parece que esa presentación puede causar un daño real. "Cómo las proteínas sanguíneas atrapadas producen dolor y sufrimiento". "Los cristales, ¿son talismanes o piedras?" (yo tengo una opinión al respecto). Dice: "Así como un cristal enfoca las ondas de luz y sonido para la radio y la televisión" --los receptores de galena pasaron de moda hace largo tiempo-- "también puede amplificar las vibraciones espirituales para el humano armonizado". Apostaría que pocos de ustedes están armonizados. Aquí hay otra: "El regreso de la diosa, un ritual presentacional". Otro: "Sincronicidad, la experiencia del reconocimiento". Esa la da "El hermano Charles". O, en la siguiente página, "Usted, Saint Germain y la curación mediante la llama violeta". Sigue y sigue, con montones de anuncios sobre las "oportunidades" --que van de lo dudoso a lo espurio-- que están disponibles en la Exposición de la Vida Total.


El consuelo pseudocientífico


Si ustedes se dejaran caer por la Tierra en cualquier momento de la existencia humana, encontrarían un conjunto de sistemas de creencias populares más o menos similares. Estas cambian, frecuentemente con gran rapidez, y a veces en escalas de tiempo de unos cuantos años: pero a veces los sistemas de creencias de este tipo pueden perdurar muchos miles de años. Al menos unos cuantos se encuentran siempre disponibles. Creo que es justo preguntarse por qué. Somos Homo-sapiens. Esa es la característica que nos distingue, la parte sapiens. Se supone que somos inteligentes. ¿Por qué entonces siempre nos acompaña este elemento? Por un motivo: muchos de estos sistemas de creencias se dirigen a necesidades humanas reales que no están cubiertas por nuestra sociedad. Existen necesidades médicas insatisfechas y necesidades de comunión con el resto de la colectividad humana. Es posible que en nuestra sociedad existan más carencias de esta clase que en muchas otras estapas de la historia humana. Y así, es razonable que las personas anden en busca y traten de valorar diversos sistemas de creencia para ver si les son útiles.


Por ejemplo, tomemos una manía en boga, la canalización (en inglés, channeling, una de las manifestaciones del moderno culto de la Nueva Era, NdT). Tiene como premisa fundamental, igual que el espiritismo, que cuando morimos no desaparecemos exactamente, sino que alguna parte de nosotros permanece. Se nos dice que esa parte puede reentrar en cuerpos humanos o de otros seres en el futuro, de manera que la muerte, para nosotros, pierde gran parte de su fuerza en lo personal. Es más: tenemos una oportunidad, si los argumentos de la canalización son ciertos, de ponernos en contacto con nuestros seres amados que han muerto.


Hablando en lo personal, yo estaría encantado de que la reencarnación fuera real. Perdí a mis padres, a ambos, en los últimos años y me fascinaría sostener una pequeña conversación con ellos, para decirles cómo están los niños, para asegurarme de que todo está bien donde quiera que se encuentren. Eso toca algo muy profundo. Pero al mismo tiempo, precisamente por esa razón, sé que hay personas que tratarán de sacar ventaja de las vulnerabilidades de los deudos. Será mejor que los espiritistas y los canalizadores tengan un caso preciso.

O tomemos la idea de que si pensamos intensamente en las formaciones geológicas podemos decir dónde están los depósitos minerales o petrolíferos. Uri Geller lo afirma. Ahora, si usted es un ejecutivo en una compañía de exploración minera o petrolera, su pan depende de encontrar minerales o petróleo; de manera que no suena tan mal pensar en gastar cantidades triviales de dinero, comparadas con lo que generalmente gasta en exploraciones geológicas, esta vez para encontrar los depósitos psíquicamente. Quizá se sienta tentado.

O tomemos a los ovnis, el argumento de que hay seres en naves espaciales de otros mundos que nos visitan todo el tiempo. Encuentro que esta es una idea emocionante. Por lo menos rompe con lo ordinario. He pasado una considerable cantidad de tiempo de mi vida científica trabajando en la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Piensen ahora en cuánto esfuerzo podría ahorrar si esos tipos vienen acá. Pero cuando reconocemos que existe cierta vulnerabilidad emocional respecto a una afirmación, allí es precisamente donde tenemos que hacer los mayores esfuerzos en el escrutinio escéptico. Allí es donde pueden atraparnos.

Ahora, consideremos la canalización. Hay una mujer en el estado de Washington que afirma que se pone en contacto con un ser de 35 mil años de edad, "Ramtha", quien, por cierto, habla muy bien el inglés con lo que me parece un acento indio. Supongamos que tuviéramos aquí a Ramtha y supongamos que quisiera cooperar. Podríamos hacerle algunas preguntas: ¿Cómo sabemos que Ramtha vivió hace 35 mil años? ¿Quién sigue la huella de los milenios intermedios? ¿Cómo es que son exacatamente 35 mil años? Esa es una cifra muy redondeada. ¿35 mil más menos cuántos? ¿Cómo eran las cosas en la Tierra hace 35 mil años? ¿Cómo era el clima? ¿Dónde vivía Ramtha en la Tierra? (Sé que habla inglés con acento indio pero, ¿dónde vivía?). ¿Qué come Ramtha? (Los arqueólogos saben algo de lo que las personas comían en ese tiempo). Tendríamos una oportunidad real de averiguar si sus afirmaciones son verdaderas. Si realmente fuera alguien de 35 mil años podríamos aprender mucho sobre al época de hace 35 mil años. Así que, en una u otra forma, si realmente Ramtha tiene 35 mil años, en ese caso descubriremos algo sobre ese período, que es anterior a la Glaciación de Wisconsin, una época interesante, o bien es un fraude y cometerá una equivocación. ¿Cuáles son las lenguas indígenas, cuál es la estructura social, con quién vive Ramtha (hijos, nietos), cuál es el ciclo de vida, la mortalidad infantil, qué ropa usa, cuál es su expectativa de vida, cuáles son las plantas, las armas, los animales? Díganos. En vez de eso, escuchamos las más banales homilías, indistinguibles de aquéllas que le dicen los supuestos ocupantes de los ovnis a los pobres humanos que afirman haber sido secuestrados por ellos.


Ocasionalmente, por cierto, recibo una carta de alguien que está "en contacto" con un extraterrestre que me invita a preguntarle "cualquier cosa". Y tengo una lista de preguntas. Los extraterrestres son muy avanzados, recuerden. De manera que les pido cosas como: "Por favor, dénme una prueba corta del Ultimo Teorema de Fermat". O la Conjetura de Goldbach. Y luego tengo que explicar lo que son porque los extraterrestres no lo llaman Ultimo Teorema de Fermat, de modo que escribo una pequeña ecuación con los exponentes. Nunca recibo una respuesta. Por otra parte, si pregunto algo como: "¿Debemos ser buenos los humanos?", siempre recibo una respuesta. Creo que se puede deducir algo de esta distinta capacidad para responder, pero nada específico. Cuando existe la oportunidad de averiguar si realmente saben algo, sólo hay silencio.


El científico francés Henri Poincaré se percató de por qué la credulidad es desenfrenada. "Sabemos también cuán cruel es la verdad frecuentemente, y nos preguntamos si el engaño no será más consolador". Eso es lo que he tratado de decir con mis ejemplos. Pero no creo que sea el único motivo por el que la credulidad sea desenfrenada. El escepticismo reta a las instituciones establecidas. Si les enseñamos, digamos, a todos los estudiantes secundarios el hábito de ser escépticos, quizá no restringirán su escepticismo a los comerciales de aspirina y los canalizadores o canalizadas de 35 mil años. Quizá comiencen a hacerse preguntas embarazosas acerca de las instituciones económicas, sociales, políticas o religiosas. Entonces, ¿dónde estaremos?

El escepticismo es peligroso. Esa es exactamente su función, desde mi punto de vista. La especialidad del escepticismo es ser peligroso. Y por eso es tan grande mi resistencia a enseñarlo en las escuelas. Por eso no se encuentra una corriente general de escepticismo en los medios. Por otra parte, ¿cómo negociaremos un futuro muy peligroso si no tenemos las armas intelectuales elementales para interrogar a aquéllos que nominalmente están a cargo, especialmente en una democracia?


Creo que este es un momento útil para reflexionar en el tipo de problema nacional que podría evitarse si el escepticismo estuviera más generalmente disponible en la sociedad. El fiasco Irán/Nicaragua es un ejemplo tan obvio que no abusaré de nuestro pobre y cercado presidente, explicándolo. La resistencia de la administración a un tratado amplio de prohibición de pruebas nucleares y su continua pasión por hacer estallar armas nucleares --siendo uno de los mayores impulsores de la carrera armamentista nuclear-- bajo la pretensión de hacernos "seguros" es otro de esos asuntos. También la Guerra de las Galaxias. Los hábitos de pensamiento escéptico que CSICOP alienta tienen relevancia para asuntos de importancia fundamental para la nación. Hay suficientes tonterías promulgadas por ambos partidos políticos, tantas que el hábito del escepticismo equitativo debería ser declarado una meta nacional, esencial para nuestra supervivencia.


El equilibrio científico


Quiero decir algo más sobre la carga del escepticismo. Puede uno adquirir un hábito de pensamiento por el cual disfrute burlándose de otras personas que no ven las cosas con tanta claridad como uno. Este es un peligro social latente en una organización como CSICOP. Tenemos que cuidarnos mucho de él. Me parece que lo que se necesita es un exquisito equilibrio entre dos necesidades conflictivas: el escrutinio más escéptico de todas las hipótesis que nos han servido y al mismo tiempo una enorme apertura a nuevas ideas. Obviamente esas dos formas de pensar crean cierta tensión. Pero si uno sólo es capaz de ejercitar uno de esos modos, cualquiera que éste sea, está en graves problemas.

Si sólo se es escéptico, no se admite ninguna idea nueva. Nunca se aprende nada nuevo. Se convierte uno en un anciano cascarrabias, convencido de que la insensatez rige al mundo. (Existen, por supuesto, muchos datos a su favor). Pero de vez en cuando, quizá una vez cada cien casos, una idea resulta acertada, válida y maravillosa. Si tiene muy arraigado el hábito de ser escéptico con respecto a todo, se lo va a perder o lo va a resentir y, en cualquier forma, estará obstaculizando el camino del progreso y la comprensión.

Por otra parte, si usted está abierto hasta el punto de la credulidad y no tiene un gramo de sentido escéptico, entonces no puede distinguir las ideas útiles de las que carecen de valor. Si todas las ideas tienen igual validez, entonces usted está perdido, porque entonces ninguna idea tiene validez, me parece.

Algunas ideas son mejores que otras. El mecanismo para distinguirlas es una herramienta esencial para lidiar con el mundo. Y precisamente la mezcla de estos dos métodos de pensamiento es fundamental para el éxito de la ciencia.


Este discurso fue publicado originalmente en The Skeptical Inquirer número de otoño de 1987 y luego en el boletín bimestral de la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica, A. C, El investigador escéptico Vol. 2, Número 1, de donde proviene la presente versión al español.