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DIGALO CON FLORES

 

DIGALO CON FLORES:

La medicina floral del Doctor Edward Bach

 

DR. FERNANDO SARAVÍ

 

Cátedra de Biofísica Facultad de Ciencias Médicas Universidad Nacional de Cuyo Mendoza, República Argentina

 

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Edward Bach (1886- 1936) fue un homeópata británico, doctor en medicina y filosofía y licenciado en ciencias. Practicó la homeopatía convencional en Londres, al parecer con bastante éxito. Pero en los últimos años de su relativamente breve vida abandonó tal práctica y se dedicó a buscar remedios herbarios efectivos e inocuos. El resultado fue la descripción y aplicación en "miles de casos" de 38 remedios florales, que aislados o en combinación serían eficaces para el tratamiento de diversas condiciones.

La obra de Bach fue continuada por sus discípulos, entre los que se destacó el doctor F.J. Wheeler, autor de un «repertorio» o catálogo de remedios florales, en el cual se ordenan alfabéticamente diferentes condiciones y se indica el remedio más adecuado para cada caso. Existe un Centro Dr. Bach en Wallingford, Inglaterra, que atiende pacientes según los principios del doctor Bach, y provee a pedido sus 38 esencias florales, aun cuando en teoría éstas pueden ser preparadas por cualquiera1.

 

En 1976 la Organización Mundial de la Salud incluyó la terapia floral de Bach entre las prácticas alternativas o no convencionales oficialmente reconocidas por dicho organismo. Desde entonces la popularidad del método ha crecido, de modo que además de haber aumentado el número de practicantes y de pacientes, han sido publicados varios libros en español sobre el tema. [Algunos de ellos, de edición reciente, se incluyen en la Bibliografía.] Para empezar, nos referiremos casi exclusiva-mente a la formulación original del Dr. Bach.

 

Como veremos, Edward Bach no se limitó a proponer nuevos medicamentos, sino que desarrolló una concepción de la medicina que constituye una escuela en sí misma. La propuesta de Bach era amplia, incluyendo aspectos tan diferentes como la actitud hacia nuestros semejantes, hábitos sanos, buena higiene personal, etc. En este sistema, la terapia floral es tal vez la parte más llamativa, pero por cierto no la más importante.

 

EL FLORAL VERSO DE BACH

 

A diferencia de la terapia herbaria convencional, la terapia floral de Bach se encamina a modificar la actitud psicológica básica del paciente, como un camino eficaz para sanar sus dolencias físicas. Este enfoque se basa en las peculiares ideas del doctor Bach sobre la naturaleza del ser humano y de la enfermedad. En pocas palabras, el remedio floral no ataca directamente la dolencia física que afecta al paciente, sino que presuntamente obra sobre su estado de ánimo y actitud frente a la vida.

Por lo anterior, el doctor Bach no se preocupó por establecer una clara correspondencia entre su terapia floral y la clasificación de las enfermedades o nosología que la medicina convencional acepta. Para Bach el diagnóstico preciso de la dolencia física era poco importante, pues corrigiendo el estado mental que la causaba, aquélla desaparecería inexorable-mente:

 

"Como las hierbas curan nuestros temores, nuestras ansiedades, nuestras preocupaciones, nuestros defectos y nuestros fallos [sic], ellas son las que debemos procurarnos, y entonces la enfermedad, sea la que sea, desaparecerá de nuestro cuerpo... Los remedios de la naturaleza que se dan en este libro han demostrado... tener poder para curar todo tipo de enfermedades y padecimientos.

Al tratar los casos con estos remedios, no se tiene en cuenta la naturaleza de la enfermedad; se trata al individuo, y al mejorar éste se va su enfermedad..." (Bach, p. 85s).

 

Sobre esta base, Bach clasificó siete categorías de actitudes o estados de ánimo, e indicó cuál o cuáles de sus remedios florales convenían en cada caso. Las diversas especies florales que se mencionan en cada categoría corresponden a casos particulares del mismo problema general. Las doce flores marcadas con un asterisco son las que Bach describió inicialmente en la primera edición de su obra Los Doce Remedios; las otras 26 fueron añadidas como resultado de investigaciones ulteriores. (Ver TABLA 1).

 

TABLA I: Clasificación de dolencias y remedios florales adecuados, según Edward Bach

 

PROBLEMA REMEDIO FLORAL

 

1. TEMOR

 

*Heliantemo (Helianthemum

nummularium)

*Mímulo (Mimulus guttatus)

*Cerasífera (Prunus cerasifera)

Alamo temblón (Populus tremula)

Castaño rojo (Aesculus carnea)

 

2. INCERTIDUMBRE

 

*Ceratostigma (Ceratostigma willmottiana)

*Scleranthus (Scleranthus anuus)

*Genciana (Gentiana amarella)

Aulaga (Ulex europaeus)

Hojarazo (Carpinus betulus)

Avena silvestre (Bromus ramosus)

 

3. APATIA

 

*Clemátide (Clematis vitalba)

Madreselva (Lonicera caprifolium)

Rosa silvestre (Rosa canina)

Olivo (Olea europaea)

Castaño blanco(Aesculus hippocastanum)

Mostaza (Sinapis arvensis)

Brote de castaño (Aesculus hippocastanum)

4. SOLEDAD

 

*Violeta de agua (Hottonia pallustris)

*Impaciencia (Impatiens glandulifera)

Brezo (Calluna vulgaris)

 

5. INFLUENCIABILIDAD

 

*Centaura (Centaurium umbellatum)

Agrimonia (Agrimonia eupatoria)

Nogal (Juglans regia)

Acebo (Ilex aquifolium)

 

6. ABATIMIENTO Y DESESPERACION

 

Alerce (Larix decidua)

Pino (Pinus sylvestris)

Olmo (Ulmis procera)

Castaño dulce (Castanea sativa)

Leche de gallina (Ornithogalum umbetlatum)

Sauce (Salix vitellina)

Roble (Quercus robur)

Manzano silvestre (Malus pumila)

 

7. PREOCUPACION EXCESIVA POR EL BIENESTAR AJENO

 

*Achicoria (Chicorium intybus)

*Verbena (Verbena officinalis)

Vid (Vitis vinifera)

Haya (Fagus silvatica)

Agua de Roca

 

(*) Estos medicamentos fueron los doce originalmente descritos por Bach.

 

Las esencias se preparan sumergiendo en agua pura las flores en cuestión, bajo la acción de la luz solar, durante algunas horas. El paciente debe agregar dos gotas del extracto en 30 ml de agua, añadiendo unas gotas de brandy como conservante.

Una de las grandes ventajas de la terapia floral de Bach es que "todos los remedios son puros e inofensivos" (p. 108). No hay peligro de sobredosis, ni tampoco es peligroso administrar un remedio equivocado. Puede ser necesario combinar diferentes esencias (hasta seis a la vez), según el caso. En emergencias, las gotas pueden administrarse cada "pocos minutos" (sic), en casos graves cada media hora, y en casos crónicos cada 2 ó 3 horas. Los extractos pueden emplearse asimismo como lociones, aspersiones y en baños.

Desde luego, no han faltado intentos de añadir nuevas esencias a las 38 descritas por Bach. Por ejemplo, Jorge Luis Raff, un ex-vendedor argentino que se dedicó al tema tras tomar cursos de control mental y terapia floral, recomienda el empleo de 100 diferentes remedios (2) (ver recuadro en pág. 8). El libro de la señora de Marzano, citado en la Bibliografía, es una compilación de diferentes remedios florales de diversos países del mundo.

Independientemente del número de esencias a emplear, el plan terapéutico es más o menos similar, y tiene una semejanza difícilmente fortuita con el procedimiento homeopático. Sin embargo, difiere de éste en que el principal determinante de la terapéutica a ser administrada es el estado psicológico del paciente y no su sintomatología física.

En la consulta inicial el médico decide cuál remedio o combinación de remedios es apropiado para el caso. El paciente debe tomarlo en la dosis indicada hasta percibir mejoría. Puede ocurrir ocasionalmente un empeora-miento en los síntomas, que es interpretado según la ley homeopática de la dirección de la curación: el empeoramiento de la sintomatología indica que el mal está siendo expulsado del paciente.

Es frecuente que, una vez desaparecida la sintomatología inicial, se manifiesten nuevos problemas que obligan a modificar la terapéutica. Como en la terapia homeopática, el tratamiento puede prolongarse indefinidamente, en la medida en que nuevos síntomas reemplacen a los anteriores. Esto que parece un círculo vicioso, para los terapeutas florales no lo es, por cuanto los remedios no constituyen el tratamiento de fondo, sino una simple ayuda.

 

En efecto, según Bach el paciente solamente puede librarse de la enfermedad si logra una perfecta armonía entre su alma y su mente que le permita superar todos sus conflictos y temores. En tal caso, la persona llegaría a ser literalmente inmune a toda enfermedad. El verdadero objetivo del sistema de Bach es producir un profundo cambio de conciencia, y aquí está el mayor peligro del asunto; pero antes de entrar en ese terreno veamos qué explicación existe sobre el presunto efecto beneficioso de las flores de Bach.

El creador del método no propuso explicación alguna, excepto que lo había recibido como una revelación:

 

"No se requiere ciencia alguna, ni conocimientos previos... sin ciencia, sin teorías, pues todo en la naturaleza es muy simple. Este sistema de curación... se nos ha revelado divinamente"(p. 85)

 

Sin embargo, no todos se conforman con semejante explicación. Es por eso que, recientemente, se han propuesto hipótesis más atrayentes, en general basadas en la transferencia de algún tipo de energía vital presente en las flores. Por ejemplo, el doctor H. A. W. Forbes dice que los remedios de Bach "parecen obrar con el mismo principio que la homeopatía y las hierbas --ellos transmiten un modelo energético"3. Otros van más allá y proponen la transferencia de energía consciente que, incorporada al organismo, restaura el balance energético y pone al paciente en sintonía con la Energía Consciente del Universo.

 

CRITICA CIENTIFICA

 

Es difícil creer que existan medicamentos potentes al tiempo que completamente inocuos. Ni siquiera las infinitas diluciones homeopáticas son consideradas tan inofensivas como las flores de Bach. Si tal cosa fuese cierta, seguramente revolucionaría la medicina. Por tanto, se esperaría que hubiese ensayos clínicos bien controlados, además de una sólida base teórica y experimental.

Nada de esto existe en el caso de la terapia floral. El mismo doctor Bach rehusó, como vimos, proponer base racional alguna para su sistema: éste funciona... porque funciona, y se basa en una revelación divina. No hay experimentación básica en animales y, aunque la hubiese, la evaluación de sutiles cambios psicológicos en los irracionales sería virtual-mente imposible. Los estudios bioquímicos, farmacológicos y toxicológicos brillan por su ausencia. Los seguidores de Bach han propuesto hipótesis cuya realidad es indemostrable y, por lo tanto, carentes de significación desde el punto de vista científico.

 

Todo esto no sería tan grave si existiesen pruebas contundentes de la efectividad de la terapia floral. Sin embargo, la única evidencia en favor del método, luego de más de cincuenta años de existencia, son los miles de casos tratados de manera presuntamente exitosa por Bach y sus seguidores. Sin embargo, por la misma naturaleza del método y su desinterés en las clasificaciones nosológicas convencionales, es imposible estimar con seguridad cuántos pacientes fueron en verdad curados con esta terapia. No se sabe cuántos pacientes hubiesen mejorado espontáneamente, cuántos fueron ayudados por una actitud comprensiva, cuántos empeoraron o cuántos quedaron sin variantes. Este es un caso típico de terapia de eficacia desconocida, pero cabe recordar que a quienes la propician les compete proveer pruebas científicamente convincentes, una tarea que al parecer no les entusiasma.

Los partidarios de la terapia floral hacen notar con orgullo que las flores de Bach han sido incluídas en el catálogo de técnicas no convencionales por la Organización Mundial de la Salud. Si se recuerda que la OMS ha incluído en tal catálogo algunas prácticas tan cuestionables como el espiritismo y la medicina mágica africana, se convendrá que tal inclusión de ninguna manera garantiza el fundamento científico o la eficacia del método. La administración de sustancias desconocidas a pacientes con dolencias no diagnosticadas no parece a primera vista un procedimiento aconsejable. Por lo demás, un paciente con un mal realmente grave puede verse perjudicado seriamente al demorar un tratamiento necesario entreteniéndose con la terapia floral.

Sin embargo, como ya señalamos, la terapia floral no es sino un aspecto de la concepción de Edward Bach sobre el problema de la salud y la enfermedad. El resto es mucho más cuestionable que sus flores.

 

LA SALUD SEGUN BACH

Las creencias del doctor Bach se exponen en su obrita Cúrate a ti mismo. Allí explica que la raíz de la enfermedad no se halla en factores externos, sino en los conflictos internos de las personas. Específicamente el problema radica en la falta de armonía entre la mente y el alma humanas:

 

"Nunca se erradicará ni se curará la enfermedad con los actuales métodos materialistas, por la sencilla razón de que la enfermedad no es material en su origen... La enfermedad es en esencia el resultado de un conflicto entre el Alma y la Mente, y no se erradicará a no ser con un esfuerzo espiritual y mental" (Bach, p. 26)

 

El alcance de esta afirmación podrá entenderse si añadimos que para Bach el alma humana es un ser Superior e intrínsecamente divino, que se halla de paso en una morada

terrena. En su librito insiste con esta idea no menos de veinte veces. Algunos párrafos típicos son los siguientes.

 

"El hombre tiene un Alma que es su Ser real; un Ser Divino, Poderoso, Hijo del Creador de todas las cosas, del cual el cuerpo, aunque templo terrenal de esa Alma, no es más que un diminuto reflejo; que nuestra Alma, nuestro Ser Divino que reside en y en torno a nosotros, nos da nuestras vidas como quiere El que se ordene... para llevarnos siempre a lo mejor... El, nuestro Ser Superior, al ser una chispa del Todo-poderoso, es por tanto invencible e inmortal"

"La inestabilidad, la indecisión y la debilidad resultan cuando la personalidad se niega a dejarse gobernar por el Ser Superior ... Tal condición no sería posible si tuviéramos en nosotros el Conocimiento de la Divinidad Inconquistable e Invencible que es en realidad nuestro ser."

"El miedo en realidad no cabe en el reino humano, puesto que la Divinidad que hay dentro de nosotros, que es nosotros, es inconquistable e inmortal y si sólo nos diéramos cuenta de ello, nosotros, como Hijos de Dios, no tendríamos nada que temer." (Ibid.,p. 29s, 37, 69)

 

Dicho en pocas palabras, en cada ser humano mora un Alma inmortal, indestructible, superior y de enorme sabiduría, que es la guía perfecta y suficiente para nuestra vida. Bach llega incluso a llamar al alma "nuestro Padre Celestial" (p. 76). La falta de coherencia entre los propios actos y actitudes y los propósitos del alma sería entonces el conflicto básico que ocasiona toda enfermedad con síntomas físicos. Para Bach, esta doctrina sobre la salud y la enfermedad concuerda con la enseñanza de todas las religiones según ésta fue dada a conocer por maestros como Buda, Jesús y otros.

Como dijimos antes, Bach presta escasa atención a las enfermedades en sí, pues sostiene que cualesquiera fuesen, solamente pueden curarse mediante la restauración de una perfecta armonía entre el Alma y la Mente. A pesar de esto, vinculó las manifestaciones de enfermedad con el defecto psicológico o moral subyacente. Por ejemplo, el orgullo daría lugar a dolencias que producen rigidez en el cuerpo, la ignorancia causaría miopía o sordera, las acciones erróneas trastornos en las manos, la falta de amor afecciones cardíacas, etc.

 

Edward Bach consideraba que las enfermedades eran parte de la escuela de la vida, y constituían una oportunidad para progresar en el perfeccionamiento personal:

 

"la enfermedad, en apariencia tan cruel, es en sí beneficiosa y existe por nuestro bien y, si se la interpreta correctamente, nos guiará para corregir nuestros defectos esenciales... El sufrimiento es un correctivo para destacar una lección que de otro modo nos habría pasado desapercibida y que no puede erradicarse hasta que no se aprende la lección." (p. 28s)

 

Bach se adelanta al problema de la enfermedad en los niños al aclarar que la supuesta lección podía estar dirigida a corregir errores cometidos en otras vidas (p. 33). En efecto, la presente vida terrenal sería mayormente una escuela para nuestro perfeccionamiento, y constituiría apenas un breve paso en el largo camino de la evolución individual hacia la perfección. La referida evolución es por completo el fruto del propio esfuerzo, bajo la segura guía del Alma de cada uno.

 

"nuestro breve paso por la tierra... no es más que un momento en el curso de nuestra evolución... los cuerpos de que tenemos conciencia son temporales...

"No se insistirá nunca lo suficiente sobre el hecho de que todas las almas encarnadas en este mundo están aquí con el específico propósito de adquirir experiencia y comprensión, y de perfeccionar su personalidad para acercarse a los ideales del alma" (p. 52)

 

Para este perfeccionamiento evolutivo pueden emplearse tantas vidas como sean necesarias, en sucesivas reencarnaciones. Aunque Bach no insiste sobre este tema, su fe en la reencarnación se manifiesta con claridad cuando recomienda a los padres tratar con consideración y respeto a sus hijos, cuyas almas pueden ser mayores y más avanzadas que las de sus propios progenitores.

La guía del Alma no se ajusta a normas preestablecidas, porque, según Bach, no existen reglas absolutas. No existe entonces ninguna doctrina infalible para la evolución del Alma, ya que nuestras concepciones del bien y del mal son por completo relativas.

 

 

"la cuestión de verdad y error, de bien y mal, es puramente relativa. Lo que está bien en la evolución natural del aborigen, estaría mal en lo más avanzado de nuestra civilización; y lo que para nosotros puede incluso ser una virtud, puede estar fuera de lugar, y por tanto ser malo, en quien ha alcanzado el grado de discípulo. Lo que nosotros llamamos error o mal es en realidad un bien fuera de lugar, y por tanto es algo puramente relativo." (p. 42, s.m.)

 

De modo que cada cual evoluciona según sus propias normas. Empero, sí hay un principio general que constituye un fundamento moral, siquiera rudimentario: es el principio de la Unidad de Todas las Cosas. El universo es una «totalidad» que proviene de Dios, de modo que el ataque a la más ínfima de sus partes es una agresión en contra del conjunto.

 

"Así, cualquier acción contra nosotros mismos o contra otro afecta a la totalidad, pues al causar una imperfección en una parte, ésta se refleja en el todo, cuyas partículas habrán de alcanzar la perfección en última instancia" (p. 32)

Por tanto, actuar en contra de la Unidad es, junto con desobedecer los dictados de nuestra alma, el más grave error que una persona puede cometer. Sobre esta base, el doctor Bach se opuso enérgicamente al uso de animales para experimentación y aún para el consumo alimentario. Tal cosa no solamente es inútil, sino además nociva.

 

"¿dónde caben en este cuadro tan hermoso prácticas como la vivisección...? ¿Seguimos siendo tan primitivos, tan paganos, que seguimos pensando que con el sacrificio de animales nos libraremos de los resultados de nuestras propias culpas y errores? Hace cerca de 2.500 años, el Señor Buda demostró al mundo lo equivocado del sacrificio de criaturas inferiores... lejos de beneficiarse el hombre con tan inhumanas prácticas, sólo perjudica al reino tanto animal como humano" (p. 55).

 

En el fondo, lo que más le inquietaba a Bach era la ofensa contra la presunta Unidad Cósmica, y no era para menos ya que él concebía al universo como parte del mismísimo Ser de Dios, que se halla en continua evolución:

 

"El universo es Dios hecho objetivo; al nacer el universo, renace Dios; cuando perece, Dios evoluciona aún más. Así ocurre con el hombre; su cuerpo es él externalizado, es una manifestación objetiva de su naturaleza interna; es la expresión de sí mismo, la materialización de las cualidades de su conciencia." (p. 80)

 

Todo lo anterior implica que el hombre debe aceptar el reto de la propia evolución. Por lo tanto, y aplicando las concepciones precedentes al campo de la terapéutica, según Bach la función del médico se reduce a dos cuestiones fundamentales: En primer lugar, el médico debe orientar al paciente para que adquiera un conocimiento cabal de sí mismo, según los principios ya enunciados, para que pueda evolucionar al poner su mente en sintonía con su alma. En segundo lugar, y de manera casi accesoria, el médico debe administrar remedios para el cuerpo físico. Sin embargo, Bach preveía que, en la medida en que los médicos tuviesen éxito en lo primero, lo segundo sería cada vez menos necesario, ya que supuestamente una personalidad plenamente armónica es inmune a toda enfermedad. Por ello, él vislumbró un futuro sin enfermedades a partir de los principios establecidos inicialmente por la escuela homeopática de Hahnemann, y por las contribuciones del propio Bach:

 

"la abolición de la enfermedad dependerá de que la humanidad descubra la verdad de las leyes inalterables de nuestro Universo y de que se adapte con humildad y obediencia a esas leyes, trayendo la paz entre su alma y su ser, y recobrando la verdadera alegría y felicidad de la vida" (p. 63)

 

CONCLUSION

 

El sistema del doctor Bach consiste en una mezcolanza de doctrinas gnósticas, budistas e hinduístas, con sólo una pizca de cristianismo para volverlo digerible al gusto occidental. En cuanto a la terapia floral en sí, ella hace de seductor señuelo para atraer incautos a esta ensalada teosófica. Los remedios florales carecen de convalidación científica y su probable inocuidad no debe hacernos olvidar de las doctrinas que se esconden tras la inocencia de las flores.

 
NOTAS
 
  1. Su dirección postal es: The Headquarters The Dr. Bach CentreMount Vernon, Sotwell, Wallingford, Oxon. OXLO OPZ INGLATERRA
  2. Véase el artículo de Enrique Narvas: "Desde la Argentina: Las flores de Raff". Más allá de la ciencia 1 (1): 73, 1991.
  3. En Robert H. Bannerman y otros, p. 165.

BIBLIOGRAFIA

BACH, Edward: La curación por las flores. EDAF, Madrid, 1982.

DEMARCHI, Rogelio: Flores de Bach: Terapia floral. CS Ediciones, Buenos Aires, 1991.

ESPECHE, Bárbara: Flores de Bach: Manual práctico y clínico, 3º ed. Continente, Buenos Aires, 1990.

LUTZKY, Ignacio: Experiencias médicas con las flores de Bach. Más Allá de la Ciencia 1 (1): 71s, 1991.

MARZANO, Perla M.B. de: Flores de Bach y del mundo: Nuevas esencias para la Nueva Era- Vademecum. Celsius, Buenos Aires,1991.

PASTORINO, María Luisa: La medicina floral de Edward Bach. Club de Estudio, Buenos Aires, 1990.