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ZONA DE LUCIDEZ IMPLACABLE

 

Zona de lucidez implacable


Por Alejandro Agostinelli


TITULO: "El asedio a la modernidad. Crítica del relativismo cultural" AUTOR: Juan José Sebreli - EDITORIAL: Sudamericana - LUGAR/FECHA: Primera edición: Buenos Aires, octubre de 1991 - Segunda edición: Buenos Aires, enero de 1992 - CANT. DE PP.: 351 - FORMATO: 15, 5 x 22, 5.


DATOS DEL AUTOR: Sociólogo y ensayista argentino. Nació en 1930. Especialista en historia contemporánea y filosofía política.


OBRAS DE IMPORTANCIA: "Buenos Aires, vida cotidiana y alienación" (1964); "Mar del Plata, el ocio represivo" (1970); "Los deseos imaginarios del peronismo" (1983; reeditado en 1992); "El riesgo del pensar" (1984); "Las señales de la memoria" (1987); entre otros.


INDICE GENERAL: I. El relativismo cultural, los particularismos antiuniversalistas. II. El ataque al progreso. III. Primitivismo. Retorno a los orígenes. IV. El culto al campesino o la arcadia pastoral. V. Del Volkgeist al populismo. VI. Nacionalismos. VII. Asiatismo, orientalismo. VIII, Africanismo, negritud. IX. Indigenismo, indianismo, el buen salvaje. X. Latinoamericanismo o el mito de la América mágica. XI. Tercermundismo. XII. ¿Una filosofía de la historia?



CONTENIDO: Condenado de izquierda a derecha; aislado por sus ideas, por críticos que no ven con buenos ojos el derrotero de su militancia marxista, por aquellos que prefieren admirarlo a la distancia, o por elección personal... Sebreli es uno de los pocos filósofos argentinos que, cuando piensa, y dice lo que piensa, incurre en la deshonestidad de adelantarse a otros pensadores de su tiempo. Con éste, su último libro, Sebreli, "el francotirador", demuestra, una vez más, que es un agudo observador de las distorsiones culturales, las falacias intelectuales, las monumentales pifiadas (a menudo mucho más que simples "errores de perspectiva histórica") y los ideologismos en que asentaron sus argumentos escritores, políticos, científicos sociales y tantos otros artífices de la historia de las ideas. Su mérito es, nada menos, que emprende esa crítica mien-tras reescribe una nueva historia de las creencias, de las ideologías y de las sociedades en que éstas surgieron.


El Asedio a la Modernidad es un libro casi sin fisuras, que no deja resquicio para la incomprensión. Por suerte, escribe sin pensar en los enemigos que se hace al andar. ¿Cuántos estarían dispuestos a perdonarle la vida? Todos los que acuerden que el relativismo cultural encierra una grave paradoja. "Si todo es relativo --escribe--, la idea de que todo es relativo también lo es; por lo tanto, no todo es relativo. Debería haber entonces una excepción; todo es relativo menos la idea de que todo es relativo, que entonces sería un absoluto, categoría que precisa-mente se proponía destruir el relativismo." (p. 59). Recordemos que, bajo el crisol del relativismo, subyacen el discurso más aggiornado de quienes defienden, toleran y hasta cultivan la sin razón en nombre de la pureza cultural (¿le suena este concepto?).


Pero... ¿Y Lévi-Strauss? "Lévi-Strauss --señala-- cae en el romanticismo más irracional cuando al equiparar los pueblos primitivos a las sociedades civilizadas deduce que el pensamiento mágico es equivalente al pensamiento científico racional". ¿Y Carlos Castaneda? Lo pone como ejemplo extremo del relativismo que desprecia el progreso y subraya que el autor de Las enseñanzas de Don Juan no ve "ninguna diferencia entre el brujo de aldea y el científico occidental; cada uno se atiene a sus propias convenciones", sobre todo cuando aquél llega a la conclusión de que "las ilusiones y fantasías de los hechiceros y chamanes se transforman en realidad sólo por ser compartidas por toda la comunidad" (p. 114). ¿Y Gandhi, entonces? "Las creencias tradicionales de la India atentaban contra las medidas sanitarias. Gandhi impidió que se administrara penicilina a su mujer, y el tabú de la inyección fue la causa de innumerables muertes en la India, así como en el África Negra" (p. 49).


Pero, sin duda, el buen lector de EL OJO ESCÉPTICO se enamorará del capítulo que le dedica al asiatismo y al orientalismo, donde hunde la pala en las raíces mismas del movimiento de la Nueva Era. Claro: la crítica mirada de Sebreli no se atiene a contemplaciones y a veces puede tocar alguna fibra íntima. Esos roces son inevitables cuando trata algunos fragmentos de la historia americana, aunque no ocurre lo mismo cuando se refiere a las ideologías indigenistas. Pero la erudición del sociólogo puede más y sale airoso, como sólo lo puede hacer el polemista inteligente.


En fin; al menos para este escriba, está claro que Juan José Sebreli es a la filosofía de la historia lo que Mario Bunge es a la filosofía de la ciencia. Sígalo; no lo defraudará. Y si al final coincide con nuestra lectura, no me lo agradezca a mí sino al Dr. Celso Aldao, que fue el primero que me lo recomendó. EOE



A. C. A.


(*) El título que encabeza la presente FICHA DE LECTURA fue el slogan que creó, hace más de una década, el poeta y ecologista contemporáneo Miguel Grinberg. A él, y a su revista Mutantia, le caben el dudoso privilegio de haber sido los introductores del irracionalismo nueva-erístico en nuestro país. Y si elegimos esa impactante frase para rotular la última obra de Juan José Sebreli no fue porque se nos haya contagiado el vicio de los llama-dos posmodernistas, que buscan reciclarlo todo. Entiéndase, simplemente, como una diminuta reparación histórica. Que elogia a Grinberg como publicista al tiempo que reubica el lugar de la inteligencia. Desde una visión forzosamente opuesta y parados en otro momento de la historia.


Pags.43-44